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Los Divorciados se Vuelven a Casar

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LOS DIVORCIADOS SE VUELVEN A CASAR Y TIENEN NUEVOS HIJOS


Cuando una pareja con hijos se rompe y, posteriormente, uno o los dos miembros empiezan una nueva relación con otra persona que, a su vez, puede también aportar sus propios hijos que provengan de otra relación, se da una situación compleja entre ellos, los familiares de ambos, los padres, los hijos, los hermanos y los miembros de la expareja.

Si, además, la nueva pareja decide tener sus propios hijos, la confusión en las relaciones entre los miembros de la nueva familia puede incrementarse.

Los divorciados se vuelven a casar y tienen hijos.


Como en las sociedades actuales cada vez es más frecuente ver estas situaciones es muy importante aprender de lo que ocurre y saber cómo actuar para no añadir nuevas complicaciones.

En general, los hijos de la pareja anterior tienen la tendencia a no reconocer, al menos inicialmente, a la nueva persona que acompaña a su padre o a su madre, especialmente si estos hijos mantienen una buena relación y estable con el miembro de la anterior pareja, y suelen comportarse bruscamente, con rechazo o de forma desinteresada con la nueva persona que se ha unido a la familia. Es más fácil que esto ocurra cuando los hijos están en etapa de la adolescencia.


La forma adecuada de proceder en la pareja, con los hijos propios, con los del otro y con los familiares de su nuevo compañero o compañera pueden hacer más fácil el manejo de una situación de convivencia compleja como esta.

En estos contextos, resulta difícil adjudicar un nombre a los miembros de la nueva familia adquirida. Se duda si se debe llamar hijos a los que provienen del otro miembro o si hay que utilizar otras fórmulas, como llamarles simplemente por su nombre. Entre los hermanos que son sólo de padre o de madre o que no lo son de ninguno de los dos, la palabra hermanastro resulta muy dura si se pretende manifestar cariño. De la misma forma las denominaciones de padrastro, madrastra, hijastro o abuelastro son de uso incómodo y dejan entrever un cierto rechazo por parte de la persona que las usa.

También resulta difícil tomar posturas de autoridad, establecer límites o realizar una restricción hacia los hijos de la otra persona o hacia la anterior pareja cuando influye de alguna manera en la actual o si al nuevo miembro no se le ha dado el permiso o la autoridad para hacerlo.

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